Situaciones de pez gordo
Sensual de movimientos suaves. Veía sus curvas tras el humo. La música rápida. Ella, ondulante, lenta. Reía. Miró mis labios con deseo.
- Estás borracha, – sentencié. – Vamos a tu casa, nena.
Palpó mi pecho.
- Qué fuerte, mi pececito rojo.
- No lo repitas – contesté. – De pececito nada, soy un tiburón, nena.
Entonces dejó de bailar y se marchó.
Ya tengo que entenderlo, con este método no perderé la virginidad.
Tati Gorricoechea






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