La curiosa
Años sufriendo por la obsesiva curiosidad, causada por la negativa. Ahora estaba sola. ¿Qué importaba si abría una mínima rendija y espiaba unos segundos? Si no la veían, nadie iba a saberlo.
Dio los dos pasos. Apoyando la mano sobre la tapa pensó “que fácil, ni llave tiene…”
Segundos después el marido atravesó la puerta, gritando a viva voz cual enajenado “¡Pandora, que haces!”
Pero ya era muy tarde.
Miguel A. Maurizio






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